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Historia culinaria: el origen de la fainá
Historia culinaria: el origen de la fainá

La fainá es uno de esos sabores que forman parte del día a día en muchas mesas del Cono Sur, especialmente como acompañamiento de la pizza. Sin embargo, su historia comienza mucho antes y a miles de kilómetros de distancia.

Su origen se encuentra en Italia, específicamente en la región de Liguria, donde se prepara una receta muy similar llamada farinata. Este plato, hecho a base de harina de garbanzos, agua, aceite de oliva y sal, era popular entre marineros y trabajadores por ser económico, nutritivo y fácil de preparar.

Con la llegada de inmigrantes italianos a países como Argentina y Uruguay a fines del siglo XIX y comienzos del XX, la receta cruzó el océano y comenzó a adaptarse a los ingredientes y costumbres locales. Así nació la fainá tal como se conoce hoy: una preparación simple, horneada, con una textura firme por fuera y suave por dentro.

Con el tiempo, la fainá se convirtió en el complemento perfecto de la pizza, dando lugar a una costumbre muy arraigada: comer una porción de pizza con una lámina de fainá encima o al lado. Esta combinación, aunque puede resultar curiosa para quienes no la conocen, es todo un clásico en la cultura gastronómica rioplatense.

Además de su sabor, la fainá destaca por ser una opción naturalmente libre de gluten, lo que la hace aún más versátil y atractiva en la cocina actual. Hoy, esta preparación sigue vigente y se disfruta tanto en pizzerías tradicionales como en versiones caseras, manteniendo viva una receta que combina historia, migración y tradición en cada bocado.